La jalea real es una sustancia segregada por las glándulas hipofaríngeas de la cabeza de abejas obreras jóvenes, de entre 5 y 15 días, que mezcla con secreciones estomacales y que sirve de alimento a todas las larvas durante los primeros tres días.
Sólo la abeja reina y las larvas de celdas reales que darán origen a una nueva reina son alimentadas con jalea real. Es una masa viscosa de un suave color amarillo y sabor ácido.
Todas las larvas consumen esta jalea, mas aquellas que serán las futuras reinas reciben una jalea pura, sin polen, mientras que las que serán obreras la reciben con algunos granos de polen.
Al tercer día las obreras dejan de recibir jalea y pasan a consumir un concentrado de miel, agua y polen, mientras que las futuras reinas continúan consumiendo la jalea real toda su vida. Esto asegura la supervivencia de las abejas reinas, su mayor tamaño y gran vitalidad para la reproducción.
Cabe acotar que la esperanza de vida de una abeja obrera es de 30 a 45 días, mientras que una reina puede llegar a vivir hasta 5 años.
Las abejas generan entre 250 g y 300 g de jalea para la alimentación de las reinas.
La Jalea real, que en esencia es un alimento casi exclusivo para la reina, sirve, no obstante, durante los tres primeros días de la salida de las larvas, para alimentarlas, ya que su riqueza en nutrientes es tan completa como la leche de vaca para los terneros.
Pero la existencia de la abeja reina no es más agradable que la del resto de los habitantes de la colmena, aunque a simple vista nos pueda parecer una vida cómoda, exenta de peligros y sin más trabajo que aparearse, comer y dormir. Por desgracia, los habitantes de la colmena la cuidan como se cuida a una cosecha o una máquina. La cuidarán y alimentarán y hasta darán la vida por protegerla, siempre y cuando produzca los huevos suficientes para mantener la colonia.
Si su labor de reproducción cesa es reemplazada inmediatamente, hasta incluso es devorada, y otra reina (no pueden cohabitar dos juntas en la misma colmena) ocupará su lugar.
Afortunadamente su gran tamaño la hace también ser un rival poderoso y cuando no le interesa la colmena en la que habita o encuentra su supervivencia comprometida, tratará de emigrar a otra colmena y allí establecerá una lucha a muerte con su líder. También peleará con fiereza en el caso poco frecuente que exista otra reina en su colmena, llegando al punto de matar con su aguijón a las larvas que contienen ninfas para impedir que se desarrollen.
Su agresividad en estos casos es digna del mayor de los depredadores, sin piedad alguna, atacando las celdillas selladas herméticamente con su potente aguijón y eliminando cualquier vestigio de vida. Al final, las obreras aceptan el exterminio y preparan la cámara nupcial para la nueva reina.
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